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Tatiana Astengo: Actriz por encima de todo

Foto: Boris Mercado

A Tatiana Astengo le fascina trabajar con directores debutantes, porque le contagian su pasión, ímpetus, nervios. En los largometrajes de cineastas nuevos, ella se encuentra con personas entregadas totalmente a que las cosas salgan bien. ¿Cómo empezó todo? Cuando terminó el colegio se matriculó en el Club de Teatro de Lima. Pero ya actuaba y soñaba con ser actriz desde su más tierna infancia.

Por: Orlando Mazeyra omazeyra@siete.pe

¿Qué te apasiona aparte de ser actriz?

Que las cosas salgan bien. Me apasiona observar los detalles, soy muy perfeccionista, ¡yo sufro muchísimo! Siempre pienso que todo puede ser mejor, en cambio, en nuestro país, siempre se piensa en el “así nomás”, en la informalidad, y en hacer las cosas a medias.

De repente la etapa en la que más has sufrido ha sido en España…

No especialmente. Sufrí pero por otras razones: por el tema de la adaptación al principio, de haber tenido ciertas comodidades acá que allá no tenía, cosas que fue importantísimo haberlas vivido para valorar mucho más otras cosas.

Pelo Madueño contó en una entrevista que cuando se fue a Europa llegó inclusive a limpiar baños. ¿Los artistas que empiezan desde cero?

—¡Desde cero! No sé si todos, pero mi caso fue también así: desde cero. No hice esos trabajos de Pelo Madueño, pero sí trabajé en restaurantes, como anfitriona; trabajos un poco más decentes que limpiar baños. No es que lo otro sea indecente, pero en mi caso no hubo necesidad, ¿no? Encontré por suerte otro tipo de trabajos, también criando niños, por ejemplo…

Esas experiencias sin duda habrán enriquecido tu vida como actriz…

Como actriz para mí es muy importante observar a la gente, observar el mundo, analizar al ser humano. Y en ese tipo de cambio se enriquece mucho.

Has estudiado Ciencias de la Comunicación en la San Martín de Porres…

Sí.

Incluso has hecho periodismo…

He trabajado en revistas, noticieros.

¿Y qué te dejó tu experiencia de tu paso por el periodismo?

¡No me gustó!

¿Por qué?

Porque todo es mentira, porque depende con quién trabajas y quién es el dueño del canal o de la empresa o la revista. No existe libertad de prensa.

Entonces crees que todos los periodistas están condicionados por la línea editorial de su medio periodístico…

¡Todos, todos!

 

Ir a contracorriente, largarse y desaparecer…

 

A partir de la famosa Pechuga de Pantaleón y las visitadoras te empiezas a convertir en una actriz fetiche de Francisco Lombardi…

Bueno eso es lo que pone la prensa, ¿no?, pero nunca ha sido así realmente. Él ha trabajado conmigo como con tantas otras actrices también, incluso hay otras con las que ha trabajado más. Pero eso de “actriz fetiche” lo pone la prensa porque suena bonito y nada más. Pero en el cine he tenido la oportunidad de hacer muchas cosas diferentes como el personaje de la colombiana de El patio de mi cárcel, en El destino no tiene favoritos, un personaje de una pureza…

A eso íbamos a llegar. Tu carrera, como actriz de cine ha ido in crescendo, hasta llegar a la que ha sido tu mejor actuación: la esposa del pescador en Contracorriente, una mujer abnegada que lo perdona todo…

Más que mujer abnegada, es una mujer enamorada. Una mujer que entiende lo que es el amor y no lo que entiende ahora la mayoría de personas. Que entienden el amor como su ego, su comodidad, sus satisfacciones personales, pero no piensan en el otro. Y justamente esta mujer es capaz de ponerse en los zapatos del otro.

En esa película, Javier Fuentes-León toca el tema de la homosexualidad de una forma poco ortodoxa…

Él no ha querido hablar de la homosexualidad, sino del amor. Ese es el tema de la película. En este caso prefirió que la relación amorosa sea entre dos hombres porque él es más cercano, porque es su película, porque es su tema, porque lo controla más…

Y no crees que ciertos directores, al tener desarrollada esa sensibilidad femenina, poseen un plus que les da una mirada más profunda…

Yo creo que sí, aunque no creo que sea una regla. Él entendía perfectamente al amor entre estos dos tipos, pero no cayó en los estereotipos.

¿Pero no sientes que la sociedad peruana le sigue oponiendo resistencia a este tipo de temas?

Sí, ¡si somos un pueblo todavía! ¡Somos un pueblo!

Y cuando estabas lejos de este pueblo,  ¿qué es lo que más extrañabas?

Yo no extrañaba mucho. Soy muy desapegada, hay que ser desapegados en la vida. Si uno no es desapegado, no crece, no aprende, no viaja, no vuela. Si estás atado a las cosas, a las ciudades, a la gente, no creces. No soy tan familiar tampoco. Me parece algo muy esclavo ser familiar. Acá la gente está acostumbrada a estar con la familia y cree que la familia va a estar siempre. Hay que vivir en otros lados, largarse, desaparecer.

¿Qué cosas te llamaron la atención de tu paso por Europa?

Que la gente sabe disfrutar de su tiempo libre.

Disfrutan del ocio.

Sí, ¡son bien ociosos! —exclama sonriendo—. Pero saben vivir.

Y lo más desagradable de la experiencia europea…

Que España no es Europa. España tiene mucho por aprender, ya no pueden vivir de tanta mentira. Son gente floja, acostumbrada a vivir de la gracia del Estado…

Cuando te metes en la piel de un personaje, ¿te cuesta salir?

No. Durante el rodaje no ando metida todo el día con el personaje, pero hay cosas que sí me afectan de la psicología del personaje, como las emociones que de pronto aparecen aparentemente de la nada.

—Tuviste un problema con Magaly Solier.

No hubo ningún problema porque para mí no existe. No, en realidad, ni conocía del tema, estaba allá (fuera del Perú) tranquila. Parece que en este país está de moda que los periodistas fabriquen enfrentamientos entre actores. Entonces si yo digo cualquier cosa, luego la cambian, la doblan, y es un tema del que no me interesa hablar en absoluto.

—Pero tu opinión de su trabajo artístico…

¡Nada! Basta que digas bueno, regular o feo para que lo tuerzan.

—Bueno, entonces volvamos a tu trabajo: has hecho teatro, cine, televisión, ¿en qué ámbito te sientes mejor?

En el cine.

—¿Cuál es el director que más te ha marcado?

Yo creo que… me sentí cómoda y muy segura, cuidada, con Javier Fuentes-León, porque no solo es un gran director, sino que también ha hecho cursos de actuación. Son pocos los directores que también son actores, e incluso la mayoría son solo realizadores. Una cosa es realizar una película y otra muy distinta dirigir actores.

—Si una mujer quiere ser actriz, será porque quiere imitar a otra actriz u otras actrices…

No. Soy actriz porque a mí me interesa escarbar en la psicología, en la mente del ser humano. Querer ser como tal o cual actriz no me interesa, me parece aburridísimo.

 

Mi soledad y yo: ¡Suficiente!

—Muchos personajes famosos recurren al psicoterapeuta, ¿es también tu caso?

¡Pero eso es como una moda! Yo al actuar me evito el psicoanálisis, cuando caracterizo a un personaje ya hago una catarsis. Hago catarsis de algunas cosas obviamente mías, íntimas, y de otras cosas. He ido alguna vez a un psicoterapeuta pero fue una cuestión muy breve, dos meses, que además no tiene nada que ver con la fama ni con ser actriz.

—¿Te consideras emocionalmente estable?

¡No, no! —lo repite con énfasis—. Pero yo creo que sola puedo convivir con mi inestabilidad.

—Te toleras a ti misma…

No es que me tolere, sino que simplemente no me flagelo.

—A tus 44 años, ¿no te interesa el tema de la maternidad?

No. Es más fácil pertenecer al estereotipo de la mujer latinoamericana que cuando nace le dicen: a ti lo que te tiene que volver loca es la ropa, te tiene que volver loca el hecho de ser madre y ya no te haces problemas, pues ya no tienes que tomar decisiones. Eso es lo que tienes que hacer, ¡es más fácil! Es más fácil lo que hacen todas que decidir por ti misma y decir: ¡no, yo quiero esto!

—Pero el lugar común dice que una mujer no se siente plena si no pasa por la experiencia de la maternidad…

—Eso nos han metido en la cabeza. Las han programado para que lo crean, pero yo no creo en eso.

—Pero querrás entonces casarte algún día…

Tampoco, ¡menos! El matrimonio me parece antinatural: obligar a una persona a dormir todos los días con la otra persona… Que tiene sus cosas hermosas, las tiene, pero, en su mayoría, son cosas forzadas. Y yo creo en la convivencia pero, por ejemplo, quisiera que cada miembro de la pareja tuviera su habitación independiente.

—Para que la llama del amor no se apague tan pronto, como recomienda Denegri…

Para poder estar sola. La gente no quiere estar sola, porque empieza a pensar en sus vidas y termina suicidándose —ironiza—. A mí no me pasa eso porque yo estoy bastante sola.

—Sola ahora, pero te has enamorado muchas veces…

Sí.

—¿Te arrepientes de alguna de tus experiencias amorosas?

No.

 

Al fondo hay…  prensa amarilla

 

—¿Qué opinas acerca de que los portales web de los diarios más importantes del país pongan como noticias: se casa Charito?

Como si los personajes fueran personas reales. Eso es algo que me llamó mucho la atención al volver al Perú, tomar eso como noticia de primera plana, como si fueran cosas reales los hechos de una serie de ficción.

—Confundir la realidad con la ficción es un juego peligroso, e imperdonable si lo hace el periodismo que debe solo mostrar la verdad, ¿no?

Por eso no doy casi nunca entrevistas y me llaman y yo les digo no me llamen más. Y cuando van a las grabaciones y me ponen el micrófono en la boca les digo: ustedes están haciendo una labor errónea, están confundiendo a la gente. Cuando declaro yo, Tatiana Astengo, los periodistas dicen que declaró Reina Pachas y otro día se les antoja y dicen Tatiana Astengo. La gente no puede ya diferenciar entre la persona de la serie y la persona de la vida real. Dos psicologías diferentes. Y la gente que, en general, tiene un mínimo grado de comprensión de lectura confunde peor las cosas. Si yo digo, como el personaje Reina Pachas: “¡Yo por mis hijos mato!”, entonces hay gente que dice: ¡Qué violenta que es Tatiana Astengo! Y, para empezar, yo ni siquiera tengo hijos. Tengo otra psicología: hijos no sé si los tendría y el día que los tenga ya tendría que ver.

—Pero este asunto hay que abordarlo para que la gente se dé cuenta de este error, ¿no te parece? Porque hay mucha gente “culturosa” que dice Al fondo hay sitio es televisión basura, pero en su casa la ve…

Sí, es cierto, yo sé de mucha gente “culturosa” que dice que no la ve pero sí la ve. Al fondo hay sitio es una serie que la ve todo el mundo, desde el más grande empresario hasta un obrero.        

—¿Pero por qué negar que la miran?

¡Ah, ese es un problema que va a existir toda la vida en este país! Porque somos unos cucufatos, somos cínicos, hipócritas, somos doble cara, somos el único país en donde cuando se habla de una persona profesionalmente se dice: “¡pero es buena gente!”. ¡Qué absurdo, a mí qué me importa que sea buena gente! Yo quiero saber si una persona es profesional o no lo es. Que yo sepa ser “buena gente” no es una profesión.

—¿Por qué Al fondo hay sitio tiene tanto éxito?

Porque muestra que hay muchas cosas por resolver en este país. Es una parodia del Perú, de nuestra doble moral, del racismo, porque ahora el país ha cambiado muchísimo. En esta serie vemos que los provincianos ya no son víctimas, ya no son “pobrecitos”, son listos, despiertos.

—¿Qué piensas de Efraín Aguilar?

Que es muy listo.

—Pero el mérito es sobre todo de los guionistas, ¿no?

Sobre todo y más que todo es su esfuerzo por reflejar una realidad del país, pero a la vez de hacer comedia, hacer que la gente se olvide del estrés, de sus problemas…

—La mejor actriz peruana para ti…

Hay muchas. Por ejemplo, hay chicas jóvenes que la gente no conoce porque no le gusta ir al teatro y creen que las que salen en la televisión son las únicas que han hecho cosas o han ganado cosas.

—Por ejemplo…

Liliana Trujillo es una actriz que me gusta mucho.

—¿Crees que el cine peruano está creciendo?

A paso a lento. Me encantaría que crezca más y que haya todo tipo de cine. Hay mucho cine en provincias, pero carece de infraestructura y…

—De apoyo sobre todo, ¿no?

¡No! Estamos acostumbrados al puto apoyo. Primero, tenemos que  ver a quién financiamos, a quien presenta el mejor proyecto. Yo no voy a darle plata a un loco.

Pero quizá hay un loco… un Buñuel en potencia por ahí…

Pero tienen que tener más estudio. Pidan plata para estudios, no pidan plata para hacer películas. En provincia les falta crecer, les falta prepararse, ¡mucho! ¡Desde cómo presentar un proyecto! Hay muchas ideas, creatividad, historias, pero falta técnica, formación. Acá, el peruano está acostumbrado a “que me dean”, esa palabra mal dicha: que me “dean” pues, que me “dean”, les encanta que les “dean”, pero yo no veo que se esfuercen.

—Siento un relente de desprecio o sorna cuando dices que me “dean” como si solo en provincias se hablara así…

¡Es en todo el Perú! Yo he vivido afuera, y he sido una inmigrante, una suerte de provinciana en la gran ciudad y jamás me voy a burlar de eso.

—¿A qué actriz de cine admiras?   

A Gena Rowlands de Una mujer bajo la influencia, una película de John Cassavetes. Es extraordinaria.

—¿Piensas en la muerte?

No.

—¿Nunca? ¿Ni siquiera en las situaciones límites?

Bueno, yo lo que quiero es no sufrir, no tener una enfermedad larga, dolor ni ese tipo de cosas. La muerte para mí representa cambio: algo nuevo.

—¿Crees en Dios?

No.

—Quizá en la reencarnación…

Sí, creo también en el karma. Aunque no es tampoco que no crea en Dios, sino en esa forma de creer católica de ir a iglesias; odio las iglesias y a los curas y a las monjas. Y todos los metería en una bolsa y los dejaría perdidos por ahí.

—Pero tuviste una formación católica como la mayoría de peruanos.

¡Obvio! Una formación en la que nadie sabe lo que está haciendo. Por eso a veces me dan ganas de apostatar. No sé si el gobierno le paga a la Iglesia por cada peruano que está inscrito como católico. No me gustaría que estén dando dinero por mí.

—¿Si lo supieras, practicarías la apostasía?

¡Claro!

—¿Qué te gustaría que pongan que tu epitafio?

Ya vuelvo… en forma de…




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